EL EXPEDIENTE DE JOSEF KALTEIS PDF

Gujind The Corpse Reader Readers have no clue what most of the characters are thinking, so we have no idea why they take the actions they do. Know also that I finished the rest of the book in less than a day. First, the hero was supposed to really, really smart. Kindle EditionReprint editionpages. There is little known about the man himself, but he did wrote four or five volumes about forensics science stuff.

Author:Voodoojar Talar
Country:Morocco
Language:English (Spanish)
Genre:Spiritual
Published (Last):26 April 2011
Pages:27
PDF File Size:14.63 Mb
ePub File Size:15.41 Mb
ISBN:213-9-50442-413-7
Downloads:54064
Price:Free* [*Free Regsitration Required]
Uploader:Nizil



Acerca del trasfondo teolgico de este apartamiento del mundo, mundi secessu, nada mejor y ms rico que la primera parte del Documento de la Sagrada Congregacin para los Religiosos y los Institutos seculares, Venite Seorsum, del 15 de agosto de La segunda parte de este mismo documento consta de las normas que a partir de ese momento rigen la clausura de las monjas.

Incluye un artculo 10 referente a la radio y televisin, y un artculo 11 referente a los diarios y revistas peridicas y dems medios de comunicacin. No es mi inters hacer un comentario de este documento: solamente lo he citado porque es el nico que en estos ltimos aos trata acerca de esta materia y, a la vez que seala un criterio, lo genera, por lo menos en las Comunidades femeninas.

Segn este criterio de la segunda parte, el mundo es el conjunto de la calle la radio y la televisin los diarios y revistas peridicas Tal vez sera interesante hacer a modo de comentario, la absolutamente necesaria distincin entre mundo y actualidad del mundo, porque no hay que creer que estar aislado de la actualidad del mundo implica ya o produce un aislamiento del mundo.

Un minimundo es tan mundo como un maximundo. En ambos puede darse toda la espiritualidad del desierto y en ambos puede darse toda la ruidosidad, la dispersin y la vacuidad de la superficialidad mundana.

Por stas y otras razones, prefiero llamar a la clsica separacin del mundo especfica insercin en el mundo, insercin que supondr una madura y serena separacin de ciertas estructuras del mundo. Los contemplativos estn insertos en el mundo y en la Iglesia; ellos son una mirada de Dios, ellos son una silenciosa palabra de Dios. El problema est, por parte de los contemplativos, en asumir la conciencia de esta insercin y, por parte de la Iglesia y el mundo, en un segundo momento, en contar con nuestra insercin, sentirla, integrarla en su vida.

Esta insercin contemplativa engendra una visin del mundo, una sabidura del mismo. I Antes de probar mi tesis, sealar las posibles falsas posturas. Considero cuatro: 1 La no visin del mundo. Creo que en los conventos y en los monjes individualmente considerados puede darse una NO visin del mundo.

Cmo sera esta no visin del mundo? Consistira en un mundo que, a partir del da en que se ingresa al monasterio, comienza a verse cada vez ms pequeo y lejano hasta que finalmente deja de existir. Termina aniquilado. Un mundo que toma la dimensin del monasterio: la historia llega hasta ese da del ingreso. Cuntas veces se dan monjas y tambin monjes para quienes el arte, la moda, la literatura, la poltica, los movimientos apostlicos, etc.

En estos casos, se ha confundido salir del mundo con detenerse en una hora del mundo, la cual a veces ha entrado con uno al claustro. Indudablemente que si el monasterio termina siendo mi mundo, todo el mundo, y si la mini-historia personal o comunitaria termina siendo toda la historia que absorbe, preocupa y se torna gozne del pensamiento, entonces se ha dejado s el mundo para ingresar en el pequeo planeta del monasterio, cerrado sobre s mismo.

Es la visin del mundo que los monjes pueden tener a travs de pticas particulares. Caben aqu las bien conocidas mentalizaciones. Una comunidad de monjes es un terreno muy propicio para las mentalizaciones de cualquier extremo. Entiendo por mentalizacin, no la impostacin de una doctrina o de una verdad, sino de una ideologa, aun cuando el objeto de la misma sea Dios o la Iglesia.

Estas mentalizaciones, que tienen como base una ideologa, pueden llevar a monjes y monjas a una verdadera desubicacin: desubicacin frente al mundo y desubicacin frente a la Iglesia. Estas mentalizaciones pueden venir de afuera recordemos la influencia de Pascal en Port-Royal, del Dr.

Quevedo en Cuernavaca y de tantos amigos asiduos de monasterios que los han sellado con sus criterios y sus posturas personales. Pero pueden provenir tambin de adentro: de un monje o monja ms fuerte, que tiene el natural liderazgo de los dems y que imposta su visin particularizada.

Evidentemente estas falsas visiones del mundo llevan a una desubicacin muy seria. Se tiene una visin angular y particularizada, que impide necesariamente la visin profunda y total del verdadero contemplativo.

Consistira en la confusin entre visin del mundo y conocimiento de todo lo que cada da es noticia. Podramos creer que estamos bien ubicadas si sabemos lo que pasa, si tenemos las ltimas noticias, incluso con su contorno de maliciosas suposiciones. Es la postura de los superficiales, de los que viven de lo que pasa y no de lo que es. La superficialidad mundana es el peor enemigo de la vida contemplativa.

El hbito de la periferia, de la superficie, quita el gusto de la verdad, quita el gusto de la seriedad en las opciones y torna al individuo totalmente inepto para la belleza, para la sabidura metafsica y para la oracin contemplativa. Es la caracterstica del hombre periodstico, atrado por lo que tiene fuerza de distraccin.

Hace ver al mundo desde el mundo, en lo que el mundo tiene de ms insustancial, mentiroso e intrascendente, as se lo mire y se lo analice en un recreo de Comunidad, en un locutorio o inclusive en el mbito de una celda.

Significa mirar el mundo, verlo caminar como camina, juzgarlo malo por su cuenta y riesgo. Tal vez, s, rezar para que no pasen las cosas que pasan y tal vez afligirse cuando sucede algn acontecimiento con sabor a tragedia humana, o cuando nuestra seguridad est amenazada y sentimos miedo.

Es la actitud que puede y suele darse: criticar al mundo y sus estructuras, sus costumbres, pero no precisamente desde una perspectiva evanglica, sino desde un insano autoconvencimiento muchas veces fomentado por la idealizacin que hacen de la vida monstica las personas que se acercan y nos visitan de que los lmites del monasterio separan a la comunidad de los santos de la comunidad de la tentacin y del pecado.

Es verdad que nuestros monasterios podran llegar a ser la maravilla del mundo; ms an, deberan llegar a serlo. Pero esa situacin, que por ser ideal no tiene por qu ser irreal, no debiera jams conducirnos a perder la responsabilidad del mundo. Los grandes contemplativos se han sentido siempre profundamente responsables del mundo y lo han cargado sobre sus espaldas: pienso en Santa Catalina y en Santa Teresita cuando deca que quera sentarse en la mesa de los pecadores y pienso sobre todo en Jess, que no solamente no despreci la mesa de los pecadores, sino que vivi y comparti con dos pecadores la hora suprema de la Pasin, su Hora, confundiendo su sed y sus gemidos con los de ellos.

Quisiera precisar mi pensamiento: esta responsabilidad no implica un reingreso en las estructuras del mundo o, como tantas otras veces se ha pensado, un compromiso de tipo socio-poltico. Pero a la vez creo que muy pocas veces nos sentimos formando parte de este mundo y culpables de sus pecados. Un da, un seglar, conversando con una monja, le preguntaba quin tendra en ltima instancia la culpa de todo este desorden en el mundo.

Le deca que este interrogante lo acuciaba Sera el sistema econmico internacional? Sera el comunismo? Seria el laicismo y la masonera? Dnde, dnde estara el eje de la descomposicin? Porque todos sienten que hay un eje, una especie de centro, no obstante invisible. Y la monja le respondi: Ignoro dnde est esa mano que arroja sobre los hombres la inmoralidad, el odio, el atesmo, la miseria; pero s s que esa mano obra porque en los monasterios no luchamos contra ella.

Y no se trata de rezar por, de ofrecer sacrificios por. Todo eso se hace, y gracias a Dios que se hace. Pero tendramos que sentir el agobio del pecado, de la culpa de la sociedad y de cada hombre. No un agobio escrupuloso, sino una responsabilidad que supone una solidaridad a nivel de cuerpo mstico y a nivel de humanidad. Tendramos que tener la absoluta conviccin de que si nosotros no somos profundamente santos, realmente santos, grandes santos, tenemos la culpa de todo lo que pasa en el mundo.

Esta solidaridad de unos con otros, este cargar el mundo cada da, tomar la cruz cada da Lc 9, 23 sobre las espaldas, es vivido por muchos laicos con realismo y con fuerza. Y es esa misma urgencia, esa misma solidaridad, la que muchas veces los empuja hacia la vida contemplativa.

Pero despus de unos aos, suele suceder que esta responsabilidad no slo no se plenifica, sino que se desdibuja. Rezamos por el mundo, nos impactan sus dramas, pero no sentimos que nuestra falta de conversin y de santidad pertenezcan a la raz del dolor y del pecado de nuestros hermanos extraclausura. Estas falsas posturas respecto del mundo se dan a la vez respecto de la Iglesia.

Muchas veces se considera que huir del mundo implica huir de la Iglesia visible, lo cual desemboca en una verdadera inconsciencia eclesial. Es evidente que donde se han dado con ms intensidad las radicalizaciones de uno y otro extremo es en las comunidades monsticas. Sabemos que los medios de comunicacin social han incluido a la Iglesia en el elenco de sus noticias sensacionales.

Los diarios y las revistas se ceban en todo lo que en la Iglesia no es normal, de todo lo que de un modo u otro es un escndalo. De vez en cuando tambin se hacen eco de las buenas noticias, pero el comentario periodstico de las mismas no sobrepasa el nivel de la superficialidad y de la mundanidad.

Estamos seguros los contemplativos de que en los monasterios hemos sobrepasado este nivel? Se ora por la Iglesia, se sufre y se ofrece la vida por la salvacin de los pecadores. Pero es muy difcil que los contemplativos se sientan construyendo la Iglesia como nos ha enseado tanto en el ao el Papa Pablo VI. Pienso que debiera ser una experiencia normal de quien ha recibido la vocacin contemplativa, la de cargar como santa Catalina la Iglesia sobre sus hombros y amarla con una increble pasin.

Esta no responsabilidad se traduce muchas veces en eludir servicios muy concretos, que los contemplativos podran prestar a requerimiento de la Iglesia universal o de las Iglesias locales. II Esta visin negativa y pesimista no es sino un primer paso, a fin de plantearnos soluciones positivas que apoyaran la tesis inicial: concebir la vida contemplativa como una especial insercin en el mundo y en la Iglesia.

En este sentido, considerar tres aspectos. I - Desde dnde se ve al mundo y a la Iglesia. II - Qu se ve desde ese lugar. III - A dnde nos conduce esa visin. I - Desde dnde se ve al mundo y a la Iglesia Siempre que vemos algo, lo vemos desde algn lugar. La Filosofa hace la admirable y clara distincin entre objeto material y objeto formal.

Por eso es muy importante saber desde qu perspectiva, desde qu ngulo miramos. Y antes, debemos decidirnos a mirar. Precisamente nuestra famosa fuga mundi es tomar posicin para ver: es subirse al sicmoro para ver a Jess, el Maestro, y en sus ojos a todo el mundo y a la Iglesia.

Cul es nuestro punto de visin, de insercin? La nuestra es una insercin contemplativa y orante en el mundo y en la Iglesia. Y por eso los contemplativos son absolutamente necesarios en el mundo, como lo son tambin los poetas y los artistas. Tal vez uno pueda preguntarse bajo la influencia platnica para qu sirve un poeta en la sociedad de los hombres. Sin embargo, l es absolutamente necesario para el mundo: tiene un punto de insercin desde donde se obtiene una visin del mundo nica y exclusiva.

Por eso el poeta es absolutamente indispensable y, sin l, al mundo le faltara algo tan importante como sus sabios, sus economistas, sus artesanos. Sin embargo, l velaba y rogaba por todos los ausentes Me parece que es sta la funcin esencial de la vida contemplativa hoy Colmar la medida de todas las ausencias: he aqu el cometido de la oracin.

Es conveniente que haya seres que ardan gratuitamente y con desinters: por la belleza del mundo, por la mirada de Dios sobre l La necesidad ms urgente de hoy es la gratuidad No se trata ya de nombrar a Dios, es preciso vivirlo. He dicho insercin contemplativa y orante pues distingo una y otra cosa. Incluyo en la insercin orante la oracin contemplativa, segn la divisin de la oracin que hace Santa. Teresa en oracin vocal, mental y contemplativa. Pero la distingo de la insercin contemplativa.

LENGVAS BUDAS SULIEKNETI PDF

El expediente de Josef Kalteis

Fegal Amazon Music Stream millions of songs. Just a moment while we sign you in to your Goodreads account. To see what your friends thought of this book, please sign up. Alexa Actionable Analytics for the Web.

GEORGE SOROS REFLEXIVITY PDF

EL EXPEDIENTE DE JOSEF KALTEIS PDF

Acerca del trasfondo teolgico de este apartamiento del mundo, mundi secessu, nada mejor y ms rico que la primera parte del Documento de la Sagrada Congregacin para los Religiosos y los Institutos seculares, Venite Seorsum, del 15 de agosto de La segunda parte de este mismo documento consta de las normas que a partir de ese momento rigen la clausura de las monjas. Incluye un artculo 10 referente a la radio y televisin, y un artculo 11 referente a los diarios y revistas peridicas y dems medios de comunicacin. No es mi inters hacer un comentario de este documento: solamente lo he citado porque es el nico que en estos ltimos aos trata acerca de esta materia y, a la vez que seala un criterio, lo genera, por lo menos en las Comunidades femeninas. Segn este criterio de la segunda parte, el mundo es el conjunto de la calle la radio y la televisin los diarios y revistas peridicas Tal vez sera interesante hacer a modo de comentario, la absolutamente necesaria distincin entre mundo y actualidad del mundo, porque no hay que creer que estar aislado de la actualidad del mundo implica ya o produce un aislamiento del mundo. Un minimundo es tan mundo como un maximundo. En ambos puede darse toda la espiritualidad del desierto y en ambos puede darse toda la ruidosidad, la dispersin y la vacuidad de la superficialidad mundana.

Related Articles