EL HOMBRE QUE SUSURRABA A LOS UMMITAS PDF

Gente pequea que volaba 3. Nave Ummita en 4. A la bsqueda de la India Quechua 5. Otros casos Ummitas 6. El cuento del lobo 7.

Author:Akinokus Nedal
Country:Central African Republic
Language:English (Spanish)
Genre:Education
Published (Last):20 January 2018
Pages:267
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ISBN:928-9-41362-395-1
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Una extraa coincidencia 2. Gente pequea que volaba 3. Nave Ummita en 4. A la bsqueda de la India Quechua 5. Otros casos Ummitas 6. El cuento del lobo 7. Doa Rogelia, amores y el cabo justo 8. Pardal 9. Ahora, ellos saben que la intuicin camina siempre por delante de la razn. Y a Angelines Coloma, mi querida Sherlock Holmes 1. Aquel jueves, 26 de enero de , convers con l por ltima vez.

Harry falleci meses ms tarde. Y en aquella postrera y clida conversacin -cmo no- me las ingeni para sacar a flote el viejo tema, casi nuestro tema.

El ingls sonri y, con cierto cansancio en la mirada, anunci que estaba a punto de abandonar sus investigaciones. Cre comprender. Mi cordial amigo llevaba cuarenta y tres aos con aquel asunto.

Cuarenta y tres aos para nada Me presentaron a Harry en Desde entonces, a lo largo de veintin aos, tuve la fortuna de escuchar su historia en repetidas oportunidades. Siempre fui yo quien le sali al encuentro y quien pregunt por aquel singular suceso en Sudfrica. Y Harry, paciente y entraable, repeta el relato y lo haca de forma impecable, sin desviarse ni entrar en contradiccin. Y as, como digo, durante ms de veinte aos En otras palabras: no tengo la menor duda sobre la historia que me dispongo a exponer y que vio la luz pblica en 1.

No es mi costumbre repetir un mismo caso en dos libros diferentes. Si lo hago es por una serie de razones que ir desgranando poco a poco y que, estoy seguro, el lector sabr comprender en su momento.

Y Harry Mallard, como deca, volvi a contarme la vieja historia. La fecha exacta es el nico dato que permaneci oscuro en su memoria. Pudo ocurrir en el verano de o quiz en el otoo-invierno de En las ltimas entrevistas, Harry se inclinaba por la segunda.

Harry Mallard, ingeniero ingls, protagonista del encuentro en Sudfrica en Cortesa de Mercedes Ayala. Fue en julio de ese ao [] -insisti- cuando empec a trabajar para la compaa Contactor, dedicada a la fabricacin de instrumentos y al servicio de la British Reostatic En ese tiempo vivamos en un lugar llamado Paarl, a cosa de cuarenta kilmetros de Ciudad del Cabo.

La granja en cuestin, llamada "Lilly Fontein", se alzaba a poco ms de cinco kilmetros de Paarl y muy cerca de la carretera que conduce a la montaa de Drakenstein En aquel apartado lugar, y en aquel tiempo, mi esposa tena problemas a la hora de ir a la compra. Por all no circulaban autobuses y el nico medio de transporte era mi coche.

Lamentablemente, yo lo utilizaba para ir y volver del trabajo. As que decidimos comprar un pequeo automvil francs, de segunda mano, ideal para los desplazamientos cortos Yo, entonces, tena unos treinta y dos aos y, la verdad, no nos sobraba el dinero La cuestin es que permanec varios das reparando y poniendo a punto el citado vehculo. La ltima jornada trabaj en l hasta casi las once de la noche. Pero, cuando quise arrancarlo, la batera no respondi. Probablemente se haba descargado. Me lav las manos y opt por dejarlo para la maana siguiente.

Estaba muy cansado. Y as lo hice. Me acost e intent conciliar el sueo. Fue imposible. A los quince o veinte minutos, volv a levantarme. No poda entenderlo. Y decid probar fortuna con el coche de mi mujer. Lo empujara por el camino hasta la carretera. Si consegua ponerlo en marcha, lo conducira hasta una meseta existente en la montaa. El viaje representaba una hora, ms o menos; tiempo ms que sobrado para cargar la batera.

Dicho y hecho. Salt de la cama. Me puse unos pantalones cortos y sal al exterior. La noche era esplndida, con una hermosa luna. Empuj el automvil y, efectivamente, arranc Montaa de Klein Drakenstein. La flecha seala la trayectoria de la carretera por la que ascendi el ingeniero con su automvil.

Foto: Cynthia Hind. Necesit una media hora para alcanzar la meseta ubicada en dicha montaa. La luna iluminaba el lugar y el pico del Drakenstein proyectaba una larga sombra que ocultaba parte de la meseta Seran las La batera haba respondido. Era el momento de regresar a casa Fue entonces cuando vi al hombre. Sali de la zona oscura de la explanada y me hizo seas para que detuviera el coche. As lo hice, y le pregunt qu le ocurra. Se aproxim a la ventanilla y exclam: "Tiene agua? Entonces, aparentemente contrariado, replic: "Necesitamos agua urgentemente" No saba muy bien qu estaba pasando, pero, al notar su contrariedad, coment que, al otro lado del sendero, haba un arroyo.

Es agua procedente de la montaa, muy buena Casi no hablamos. Entonces dirig el vehculo hacia el punto por el que pasaba el riachuelo, muy cerca de la carretera. Al detener el coche, ca en la cuenta de un detalle: ni l ni yo disponamos de un recipiente para el agua. Cuando le pregunt sobre el particular, respondi que no tena. Todo aquello, en efecto, era muy extrao.

Su ingls, incluso, era raro. En Sudfrica vive gente de muchas nacionalidades, cada cual con su acento. Pues bien, este hombre hablaba un ingls casi de laboratorio Le dije que no se preocupara: Yo tena una lata de dos galones y medio. Explanada en la que se hallaba posado el ovni. Bajamos al arroyo por el lado del puente y procedimos a limpiar la lata. Estaba sucia, con restos de aceite. Nos turnamos, empleando puados de grava y arena.

Una vez concluida la operacin de limpieza, llenamos la lata y regresamos al automvil El hombre, entonces, me indic que lo dejara donde lo haba encontrado. As lo hice. Y al llegar a la meseta seal un lugar en la sombra: "All, por favor.

Insisti con la mano, marcando un punto. Fue entonces cuando lo vi por primera vez Al pie de la montaa, en la zona de sombra, se hallaba posado un objeto. El hombre me invit a seguirlo. Dibujo: F. Era un aparato -lo que hoy llaman un ovni- posado en el suelo. Me encontraba a unos cien metros de la carretera. Recuerdo que dud, y el hombre me anim a continuar.

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