RECORDAR REPETIR Y REELABORAR FREUD PDF

Y es que Freud, al darse cuenta de que muchas de sus pacientes histricas lo engaaban, y que parte de sus relatos eran obra de fantasas encubridoras, decidi que el anlisis debera dedicarse a observar la superficie del psiquismo. Entonces las ocurrencias del paciente, que iban dando indicios de sus represiones2, se convertitan en interpretaciones que el analista le daba a conocer Esto con el fin de no perder de vista las situaciones en que se form el sntoma. Algo como un recorderis cada tanto. El analista, que en aquella etapa breueriana guiaba al paciente a travez de una trama, vuelve a dejar la responsabilidad de su palabra del lado del paciente. Es l quien decide, entre comillas, impulsado por la regla fundamental regla que consiste en decir todo lo que se le ocurra, sin juicio previo, subrayo previo lo que se dice en el curso del tratamiento3. Estaramos ahora s, frente a asociacin libre como tal, mtodo que hasta hoy se practica.

Author:Bagal Kajishakar
Country:Gabon
Language:English (Spanish)
Genre:Spiritual
Published (Last):24 May 2006
Pages:134
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La consecuente tcnica que hoy empleamos: el mdico renuncia a enfocar un momento o problema determinados, se conforma con estudiar la superficie psquica que el analizado presenta cada vez, y se vale del arte interpretativo, en lo esencial, para discernir las resistencias que se recortan en el enfermo y hacrselas conscientes. As se establece una nueva modalidad de divisin del trabajo: el mdico pone en descubierto las resistencias desconocidas para el enfermo; dominadas ellas, el paciente narra con toda facilidad las situaciones y los nexos olvidados.

Desde luego que la meta de estas tcnicas ha permanecido idntica. En trminos descriptivos: llevar las lagunas del recuerdo; en trminos dinmicos: vencer las resistencias de la represin. El olvido de impresiones, escenas, vivencias, se reduce a un bloqueo de ellas.

Y no es infrecuente que exteriorice su desengao por no ocurrrsele bastantes cosas que pudiera reconocer como olvidadas, o sea, en las que nunca hubiera vuelto a pensar despus que sucedieron. El olvido experimenta otra restriccin al apreciarse los recuerdos encubridores, de tan universal presencia. En muchos casos he recibido la impresin de que la consabida amnesia infantil, tan sustitutiva para nuestra teora, est contrabalanceada en su totalidad por los recuerdos encubridores.

En estos no se conserva slo algo esencial de la vida infantil, sino en verdad todo lo esencial. Slo hace falta saber desarrollarlo desde ellos por medio del anlisis. Representan tan acabadamente a los aos infantiles olvidados como el contenido manifiesto del sueo a los pensamientos onrico. Los otros grupos de procesos psquicos que como actos puramente internos uno puede oponer las impresiones y vivencias fantasas, procesos de referimiento, mociones de sentimientos, nexos- deben ser considerados separadamente en su relacin con el olvidar y el recordar.

Aqu sucede, con particular frecuencia, que se recuerde algo que nunca pudo ser olvidado porque en ningn tiempo se lo advirti, nunca fue consciente; adems, para el decurso psquico no parece tener importancia alguna que uno de esos nexos fuera consciente y luego se olvidara, o no hubiera llegado nunca a la consciencia.

El convencimiento que el enfermo adquiere en el curso del anlisis es por completo independiente de cualquier recuerdo de esa ndole. Para un tipo particular de importantsimas vivencias, sobrevenidas en pocas muy tempranas de la infancia y que en su tiempo no fueron entendidas, pero han hallado inteligencia e interpretacin con efecto retardado, la mayora de las veces es imposible despertar un recuerdo. Se llega a tomar noticia de ellas a travs de sueos, y los ms probatorios motivos de la ensambladura de la neurosis lo fuerzan a uno a creer en ellas.

Cuando aplicamos la nueva tcnica si nos atenemos al signo distintivo de esta respecto de la anterior, podemos decir que el analizado no recuerda, en general, nada de lo olvidado y reprimido, sino que lo acta.

No lo reproduce como recuerdo, sino que como accin, lo repite, sin saber que lo hace. Lo que ms nos interesa es la relacin de esta compulsin de repetir con la transferencia y la resistencia.

Pronto advertimos que la transferencia misma es slo una pieza de repeticin y la repeticin es la transferencia del pasado olvidado; pero no slo sobre el mdico: tambin sobre todos los otros mbitos de la situacin presente. Por eso tenemos que estar preparados para que el analizado se entregue a la compulsin de repetir, que le sustituye ahora al impulso de recordar, no slo en la relacin personal con su mdico, sino en todas las otras actividades y vnculos simultneos en su vida.

Si la cura empieza bajo el patronazgo de una transferencia suave, positiva, y no expresa, esto permite, como en el caso de la hipnosis, una profundizacin en el recuerdo, en cuyo transcurso hasta callan los sntomas patolgicos; pero su en el ulterior trayecto esa transferencia se vuelve hostil o hipertensa, y por eso necesita de represin, el recordar deja sitio enseguida al actuar.

Y a partir de ese punto las resistencias comandan la secuencia de lo que se repetir. Qu repite o acta, en realidad? Repite todo cuanto desde las fuentes de su reprimido ya se ha abierto paso hasta su ser manifiesto: sus inhibiciones y actitudes inviables, sus rasgos patolgicos de carcter. Y, adems, durante el tratamiento repite todos sus sntomas. En este punto podemos advertir que poniendo de relieve la compulsin de repeticin no hemos obtenido ningn hecho nuevo, sino slo una concepcin ms unificadora.

Y caemos en la cuenta de que la condicin de enfermo del analizado no puede cesar con el comienzo de su anlisis y que no debemos tratar su enfermedad como un episodio histrico, sino como un poder actual. Esta condicin patolgica va entrando pieza por pieza dentro del horizonte y del campo de accin de la cura, y mientras el enfermo lo vivencia como algo real-objetivo y actual, tenemos nosotros que realizar el trabajo teraputico, que en buena parte consiste en la reconduccin al pasado.

El hacer repetir en el curso del tratamiento analtico, segn esta tcnica ms nueva, equivale a convocar un fragmento de vida real, y por eso no en todos los casos puede ser inofensivo y carente de peligro. De aqu arranca todo el problema del a menudo inevitable empeoramiento durante la cura. La introduccin del tratamiento conlleva, particularmente, que el enfermo cambie su actitud consciente frente a la enfermedad. Ya no tiene permitido considerarla algo despreciable; ms bien ser digno oponente.

As es preparada desde el comienzo la reconciliacin con eso reprimido que se exterioriza en los sntomas, pero tambin se concede cierta tolerancia a la condicin de enfermo. Sin embargo, la resistencia puede explotar la situacin para sus propsitos o querer abusar del permiso de estar enfermos. Ulteriores peligros nacen por el hecho de que al progresar la cura pueden tambin conseguir la repeticin al mociones pulsionales nuevas, situadas a mayor profundidad, que todava no se haban abierto paso.

Por ltimo, las acciones del paciente fuera de la transferencia pueden conllevar pasajeros perjuicios para su vida, o aun ser escogidas de modo que desvaloricen duraderamente las perspectivas de salud. Cuando la ligazn transferencial se ha vuelto de algn modo viable, el tratamiento logra impedir al enfermo todas las acciones de repeticin ms significativas y utilizar el designio de ellas como un material para el trabajo teraputico.

El mejor modo de salvar al enfermo de los perjuicios que le causara la ejecucin de sus impulsos es comprometerlo a no adoptar durante la cura ninguna decisin de importancia vital; que espere, para cualquiera de tales propsitos, el momento de la curacin.

Ahora bien, el principal recurso para domear la compulsin de repeticin del paciente, y transformarla en un motivo para recordar, reside en el manejo de la transferencia. Volvemos esa compulsin inocua, y ms an, aprovechable si le concedemos su derecho a ser tolerada en cierto mbito: le abrimos la transferencia como la palestra donde tiene permitido desplegarse con una libertad casi total, y donde se le ordena que escenifique para nosotros todo pulsionar patgeno que permanezca escondido en la vida anmica del analizado.

Con tal que el paciente nos muestre al menos la solicitud de respetar las condiciones de existencia del tratamiento, conseguimos, casi siempre, dar a todos los sntomas de la enfermedad un nuevo significado transferencial, sustituir su neurosis de transferencia, de la que puede ser curado en virtud del trabajo teraputico. La transferencia crea as un reino intermedio entre la enfermedad y a vida, en virtud del cual se cumple el trnsito de aquella a esta.

El nuevo estado ha asumido todos los caracteres de la enfermedad, pero constituye una enfermedad una enfermedad artificial asequible por doquiera a nuestra intervencin. Al mismo tiempo es un fragmento del vivenciar real-objetivo, pero posibilitado por unas condiciones particularmente favorables, y que posee la naturaleza de algo provisional.

De las reacciones de repeticin, que se muestra en la transferencia, los caminos consabidos llevan luego al despertar de los recuerdos, que, vencidas las resistencias, sobrevienen con facilidad. El vencimiento de la resistencia comienza, como se sabe, con el acto de ponerla en descubierto el mdico, pues el analizado nunca la discierne, y comunicrsela a este. Nombrar la resistencia no puede producir su cese inmediato.

Es preciso dar tiempo al enfermo para enfrascarse en la resistencia, no consabida por l; para reelaborarla, vencerla prosiguiendo el trabajo en desafo a ella y obedeciendo a la regla analtica fundamental. En la prctica, esta reelaboracin de las resistencias puede convertirse en una ardua tarea para el analizado y en una prueba de paciencia para el mdico. No obstante, es la pieza del trabajo que produce el mximo efecto alterador sobre el paciente y que distingue el tratamiento analtico de todo influjo sugestivo.

Fiorini captulo 3 y 4. La actitud del terapeuta. La esencia de la psicoterapia es una relacin humana especialmente ideada para transmitir una experiencia, que traiga consigo cambios constructivos en el auto-concepto y la conducta del paciente. Principio capital de cualquier modalidad de psicoterapia dinmica es la habilidad del terapeuta para escuchar. Al responder esta pregunta, el terapeuta debe tener en cuenta la meta doble de la psicoterapia: 1 Ayudar al paciente a conseguir una mayor independencia y auto-confianza, y 2 promover una mayor satisfaccin e intimidad en las relaciones humanas.

De acuerdo con los principios psicodinmicos, creemos que nos acercaremos mejor a estas metas, si nos esforzamos sistemticamente por aumentar el auto-entendimiento del paciente. Escondidas tras las ansiedades y los mecanismos de autoproteccin del paciente est la esperanza de una relacin de amor y apoyo en la que uno es entendido.

Esto aliviara los sufrimientos y el estado de desmoralizacin del paciente. El paciente se mantiene a flote gracias a esta esperanza, incluso ms cuando el terapeuta sienta que se est poniendo a prueba su paciencia por las provocaciones, hostilidad o negativismo del paciente. Aunque las apariencias digan lo contrario, el paciente est tratando siempre de resolver un problema de relacin interpersonal.

La actitud del terapeuta debera reflejar inters, respeto, deseo de no herir, ausencia de crtica y enjuiciamiento moral, y un compromiso genuino de ayudar.

El terapeuta debera implicarse en actividades que son enormemente constructivas y mnimamente destructivas. En concreto, el terapeuta debera resistir la compulsin de hacer algo, especialmente en las ocasiones que l o ella sienten la presin del paciente y suya a intervenir, actuar, reafirmar, etc. Se desestima, a menudo, el grado en el que la presencia del terapeuta y su escucha emptica se constituyen en las fuentes ms poderosas de ayuda y apoyo que un ser humano puede otorgar a otro.

Cuanto ms indefenso y vulnerable se sienta el paciente, mayor ser la necesidad de idealizar y sobreestimar las habilidades y poderes del terapeuta. La preocupacin de nuestra cultura por la tecnologa y las expectativas de llegar a resultados rpidos conspiran para poner al terapeuta bajo presin. No obstante, lo mejor que un terapeuta puede hacer es mantener una postura de escucha e intentar entender.

La postura del terapeuta debera ser expectante, esto es, estar preparado no slo para observar sino tambin para experimentar y, en el mismo grado, preparado para llegar a implicarse en el guin interpersonal montado por el paciente. El terapeuta no puede hacer nada a menos que el paciente no ponga en marcha un proceso en el que el terapeuta pueda resonar. La resonancia del terapeuta es, ante todo, un proceso intuitivo que puede describirse slo en trminos generales.

No importa lo que el paciente comunique directa o indirectamente, no se debe olvidar nunca que los comentarios van dirigidos al terapeuta, como persona significativa. Adems, el conjunto total de la conducta del paciente contiene siempre observaciones sobre el terapeuta y su relacin con l, sea real o fantaseada. El terapeuta debe darse cuenta de esto y tenerlo bien presente en su pensamiento, de modo que gue su escucha y participacin en la vida del paciente.

Un reto bsico que afronta el terapeuta es captar qu est el paciente comunicando o actuando. Esto podra ser sincrnico con lo que l o ella estn diciendo pero es que la conducta en la terapia, la mayor parte de las veces no est sincronizada con lo que se est comunicando verbalmente.

Un peligro corriente del que todos los terapeutas son vctimas en un momento u otro es caer en la trampa, esto es, ser manipulado por el paciente, viciando y trastornando la comunicacin sincronizada con ello. Si el tema de la sesin parece huir del terapeuta, ste se representar en las transacciones teraputicas. Por la misma razn, los terapeutas necesitan preverse contra la falacia de dar un peso indebido a sus verbalizaciones o las de los pacientes.

Horas buenas, sus caractersticas son: 1. La presencia de un afecto fuerte y tpicamente doloroso que indica que un problema est cerca de la conciencia del paciente. El afecto se experimenta en relacin con el terapeuta, al mismo tiempo que el paciente reconoce que el terapeuta es el objeto real hacia quien va dirigido el afecto. El terapeuta tiene una imagen clara del guin con el que se est actuando 4. En virtud de lo anterior, el terapeuta es capaz de reconstruir interpretar el guin del paciente un contexto nuevo.

El poder del terapeuta obviamente est siempre limitado. Estn limitados no slo como seres humanos, sino tambin porque, en muchas ocasiones, los significados connotativos de las comunicaciones del paciente son difciles de identificar y entender, debido a operaciones defensivas complejas, Lgicamente, esto muchas veces los desconcierta.

Es importante tener en cuenta las siguientes reglas: 1.

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